Cuando decimos Yo soy espiritual. Y lo decimos porque leemos temas espirituales, o practicamos deportes que movilizan los meridianos etc. 

Primero tu naces siendo espíritu. Así que no tienes que hacer nada para ser espiritual, ya lo eres. Es como si dices, yo soy humano, también lo eres. No hay nada que hacer para serlo, ya lo somos, nacimos siéndolo.

Ahora otra cosa es trabajar para integrar la totalidad de tu ser a tu contenedor biológico. Eso ya es otra cosa. Y eso no se alcanza diciendo yo soy espiritual o soy luz. Se alcanza cuando bajas a ver a tus demonios internos, a tu sombra, a todo aquello que has escondido en el inconsciente, y no quieres ver ni mirar, y mucho menos quieres que vean y miren otros.

Cuando alguien me dice yo soy luz. Digo carajos. Llevo nueve años trabajando en mi, y aun sigo trabajando mis sombras. Y otros son luz, sin haber hecho trabajo alguno. No me lo explico. E incluso al final de todo el trabajo hecho y lo que queda por hacer. Te das cuenta, que puedes ser luz, sombra y colores intermedios y mas allá de todo ello, eres una esfera transparente que compone al ser como totalidad, con la integración de tu anima, espíritu y mente en uno, sin fragmentacion o división y desde ahí. Eres el universo entero, toda su extensión, todo lo mas grande y lo mas pequeño, el todo y la nada. Y desde ahí sabes que tu como universo y presencia yo soy, lo envuelves a todo, lo integras a todo, y todo lo que es, forma parte de ti.

Pero el trabajo de liberar, dejar vivir y ser, reconocer los aspectos sombríos, es parte del camino, hasta que los incorpores a tu contenedor, como partes de ti, que ya no etiquetas como malas o negativas, si no que aceptas como parte del camino que siempre lleva a la luz. Porque los extremos, solo son grados de la misma linea. Y como tales, se pueden reconciliar, integrar, para luego transcender y hacer de todo ello algo mas grande.

Yo ya, con tanta teoría espiritual que circula por las redes. Intento etiquetarme poco en ningún concepto determinado. Ya que soy todos ellos y ninguno. El todo y la nada. El vació, lleno de todas las posibilidades. El Ser expandiéndose que envuelve a todo lo existente. Siendo lo existente y el observador que lo observa.

En fin caminando en la aceptación de que todo es parte del espíritu, y que el espíritu no solo es luz ( información) o amor ( creación ) También es sombra y oscuridad, como parte del empuje que nos lleva a la luz y el amor.

Por Ana Muñoz.

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